Microrrelatos

 
 
 

 

 

Escondida entre personas desconocidas, asustada y nerviosa como una niña, se creyó Cenicienta. Disimulando el dolor que le causaban los zapatos, se conformó con soñar a cada paso que jamás volvería a ver a sus hermanas y que el príncipe correría tras ella. Sin embargo, inestable y cansada, no hizo nada por evitar la caída cuando, de pronto, el hechizo se deshizo. 

 
 
 
 

 

 

Que el polvo no nos ahogue. Que la sangre no se pare. Que la mano no sienta las quemaduras tras tocar el hielo. Cuando sigan andando, cuando crucen borrachos de soledad y silencio, firmaremos al borde del sueño como notarios al final de la barra de un bar. Y ahí, en ese momento, cruzaremos también.

Y el sueño del patito feo se convirtió en pesadilla. El ansia por ser como los demás se volvió para estrangularlo y ahora, en este bosque, entre este plástico, el cisne, como nosotros, se atraviesa de metal para volver a ser diferente, para volver a ser de cáscara y plumón negro, para volver a ser, en definitiva, feo de nuevo.

 
 
 
 
 
 
 
 
 

Si hoy nos queremos más que el primer día. Si hoy te importo más que cualquier otra orilla. Si hoy no eres más el de ayer y eres la mitad de cuanto conocí. Si este es el lugar, si esta es la cumbre o el fin, bésame. Si mañana nos engulle la fiebre y el mar. Si mañana parpadeas y enferma la luz y nos pesa, este beso, a mí, ya no me lo podrás quitar. 

Viviendo en una colmena de avispas, sin ninguna abeja desde hace siglos, así despierta cada día. Muere un poco cada vez que baja de su cama y se asoma a una ventana entre entre cientos, entre miles, mirando a una calle por la que pasan otros cientos, otros miles, que jamás levantarán la cabeza para mirar a quien les mira. En una colmena nació y, acostumbrada ya al humo y al picor, en una colmena se irá desvaneciendo hasta que nadie la recuerde aunque siga viva.

 
 
 
 
 
 
 

Aquí, sentados el uno sobre el otro, sintiéndose sin mirarse mientras las olas se cansan de romper contra las rocas, respirando el salitre frío que llega a sus rostros tras un viaje desde no se sabe dónde, están a punto de decidir que pasarán el resto de su vida juntos. La razón, sencilla: ¿Acaso hay alguien más a su alrededor?

Lo encontré con los pies clavados en la tierra, ansioso por desarrollar ásperas raíces que se hundieran el el barro. Lo llamé, pero ni siquiera se giró. No me oyó. Su mente, metálica y afilada, se hundía todavía más profundamente que sus recuerdos. Allí lo vi respirar, casi muerto, antes de saltar, romperse y nadar, olvidando su todo en la orilla.

 

 

 

 

 

Él soñaba con volver. Ella, cuando despertó, respiró la mañana sorprendida de que la oscuridad se hubiera diluido tan rápido. Él no había cerrado los ojos en dos días ni para estornudar, y las manos le quemaban en los bolsillos mientras volvía a casa. Ella, ayer, había comenzado a andar mirando al cielo y acariciaba sonrisas con los dedos. Él paró mecánicamente antes de cruzar. Ella, al otro lado de la calle, firme sobre el bordillo, bajó la mirada de las nubes. Ellos, allí, en medio de una Gran Vía que aún se desperezaba, se desearon por primera vez.

Atravesando el cristal, rompiendo el muro, hurgando en el cemento, encontrarás otra realidad. Ingrávido, suspendido en un aire irrespirado e irrespirable, hueco como el vacío más seco, está el espacio de otra vida, de otro ser, de otra existencia.

 

 

 

 

Conscientes y complacientes, hundidos en y por la mediocridad entre la humedad de lo que no serán. Intrusos, turistas, lacados extraños que brillan al sol y lo creen propio cuando es lo único que les roza sin rubor.

Despertando como de un invierno infinito al que no se oyó llegar. Saliendo, explotando tras un infierno de helada mugre y vapor. Corriendo hacia un nuevo comienzo envuelto en una seda todavía limpia. Respirando, vigilando, bostezando… vio llegar algo que creyó la primavera.

 

 

 

 

Invisible, diluido entre personas inexistentes, escondido y transparente, así respira. Solo, durmiente, embotado, dolorido y con sabor amargo, así respira. Y así duerme, y así despierta, y así suspira, entre la gente, confuso, confundido, imitador, trágico…